Música

«Te quieros» con la mirada

 Canción de sentida admiración desempeñada por una VOZ inexplicablemente enamorada y un PIANO que contornea sus pensamientos

La canción está basada en un poema, que da nombre a la obra. Todo él consta de una reflexión introspectiva, repleta de interrogantes, protagonizada por un anciano que se cuestiona por qué continúa amando a su mujer, quien, metamorfoseada por su enfermedad, el Alzhéimer, se ha vuelto irreconocible.

Y si no me reconoce

tendré entonces que abrazarla,

susurrándole a voces

«te quieros» con la mirada.

Título

«Te quieros» con la mirada

Cualquiera que piense en el amor ‒en un amor de esos que te calan hasta los huesos, en un amor que te mantiene, aun con el devenir del tiempo, inexplicablemente enamorado, en un amor por el que has compartido tu vida hasta límites que no existían antes de que tú lo hicieras‒ jamás vincularía ese amor a una enfermedad, y menos a una enfermedad afanada en apagar la historia de tu amor, marchitando y borrando a la persona que lo engendró. Porque ese amor sólo existe en las historias fabricadas por la imaginación. Pero, ¿y si sí existiera? ¿Y si yo te dijera que lo he visto, que, en parte, lo he vivido? ¿Me creerías? ¿Y si te dijese que la enfermedad que ha osado poner fin a ese amor es el Alzhéimer? ¡Entonces aún resultaría más inverosímil creer la historia de mi abuelito! Él, un hombre aparentemente tan corriente como cualquier otro, dejó de serlo. ¿Cuándo? En el momento en que nos demostró que mientras haya una persona a la que amar te vuelves capaz de todo. La historia de su matrimonio, un matrimonio aparentemente tan corriente como cualquier otro, dejó de serlo cuando su mujer se fugó con el Alzhéimer para no volver, y él fue en su busca, negándose a abandonarla en brazos de ese olvidadizo tirano. Pero lejos de narrarte la entrañable, familiar, personal y admirable historia de amor de mis abuelos, te voy a narrar la lucha de un hombre aferrado a una causa que cualquier otro habría considerado perdida: amar a una persona cuya enfermedad te asedia con disgustos, preocupaciones y sacrificios extenuantes. «Te quieros» con la mirada es, ante todo, una canción de agradecimiento a la figura de mi abuelito, el mayor y mejor ejemplo de entrega y de amor que en mi vida atesoro.

La canción está basada en un poema (de homónimo título), y su música se reduce a una voz reflexiva y a un piano que matizará sus cavilaciones. Lo más reseñable sería, por un lado, la ambivalencia constante entre subdivisiones binarias y ternarias, gracias a la cual el ritmo queda difuminado, potenciando el carácter ad libitum, libre, en el que se sumergen los pensamientos del narrador; por otro, los cambios de tempo, mediante los cuales se diferencian las preguntas lanzadas al vacío (¿Amor, cómo no desmayo?) de las conclusiones alcanzadas  (Y si de mí no se acuerda / tendré entonces que cuidarla).  Otro rasgo distintivo de la obra es la palabra «amor», a la que alude el cantante en varias ocasiones. Ésta se distorsiona considerablemente respecto a su natural forma de pronunciarlo, desdibujándose su prosodia para dotar al concepto de la complejidad que posee, y más en el contexto del poema. También es llamativo el solo del piano, que desata toda la argamasa de sentimientos del protagonista, hasta ahora reprimidos, en un clímax que culmina en la modulación mediántica. Una vez el solo se diluye, la tercera menor ascendente, correspondiente a la tonalidad alcanzada, traza una nueva serie de meditaciones personales. Dicho “ascenso”, sin embargo, no es fortuito, sino que está motivado por el feliz/optimista desenlace que se persona en torno al final de la estrofa. De haberse hecho la modulación en la dirección contraria, quizás hubiesen quedado posos de pesimismo, lo cual nada tiene que ver con el mensaje de la obra.

En cualquier caso, «Te quieros» con la mirada no pretende más que aflorar, mediante música, el profundo interior de quien no ha dejado de amar ni por instante a su mujer, aunque para ello tenga que enfrentarse a todo tipo tribulaciones.

 

Acerca del poema

El poema referido, recogido inmediatamente a continuación, es el que da nombre a la obra. Todo él consta de una reflexión introspectiva, repleta de interrogantes, protagonizada por un hombre mayor que se cuestiona por qué continúa amando a su mujer, quien, metamorfoseada por su enfermedad, se ha vuelto irreconocible. El hombre, sin dar crédito ni a sus acciones ni a sus sentimientos al respecto, sin entender siquiera por qué, asume que proseguirá desviviéndose por ella, amándola y cuidándola hasta que el Alzhéimer la arranque definitivamente de sus brazos. Al no tener otros medios que ella comprenda para manifestarle que la quiere, que no está sola, que jamás la abandonará ‒debido a lo avanzado de su enfermedad‒, vuelca todos sus esfuerzos en regalarle cariño y amor y en amenizarle las penurias de su olvidadiza memoria. ¿Cómo? Con nuestro medio más expresivo: la mirada.  

Es sumamente recomendable la lectura del poema de cara a la interpretación, tanto para la voz que lo cantará como para el/la pianista acompañante, aunque solo sea por gozar de una visión más completa de la obra. El poema es el siguiente:

Amor, ¿cómo es que te tengo?

¿Cómo es que tú sigues dentro

de la memoria dormida

de un corazón fiel?

Amor, ¿cómo es que la quiero?

¿Cómo es que la miro y siento

que sigue siendo la misma

cuando ya no lo es?

Será que el tiempo desea

que me ponga a prueba

hasta que cambie mi concepto del amor,

para que la vea

como si supiera

que es ella quien me hace y me ha hecho ser yo.

Y si de mí no se acuerda

tendré entonces que cuidarla,

regalándole en mi entrega

«te quieros» con la mirada.

Amor, ¿cómo no me amargo?

¿Cómo es que si estoy cansado

no consiento que lo triste

mine mi moral?

Amor, ¿cómo aún aguanto?

¿Cómo es que me empeño tanto

manteniendo en imposibles

su felicidad?

Será que la vida quiere

que yo me supere

en todos los aspectos de la voluntad,

hasta que me entregue,

pese a lo que llegue,

llenando de momentos su cruel soledad.

Y si un día se le olvida

tendré entonces que besarla,

dedicándole en sonrisas

«te quieros» con la mirada.

Sin embargo, aún me pregunto

qué es lo que ella siente hoy,

si soy fantasía en su mundo

o  el mejor marido soy.

Porque a veces hay destellos

de aquella mujer que fue,

pero en otras mis recuerdos

se quieren anteponer.

Qué más da. Seguimos juntos.

Diferentes. Pero juntos.

Y si no me reconoce

tendré entonces que abrazarla,

susurrándole a voces

«te quieros» con la mirada.

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«Te quieros» con la mirada

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